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domingo, 24 de abril de 2011

Salud Mental: "¿Procastinar?"

¿Qué es eso de 'procastinar'?
Por: Luza Alvarado, el 28 de marzo de 2011, 07:51 AM

La primera vez que escuché el término en el contexto del castellano, me quedé con cara de ‘what?'. Lo busqué en el diccionario de la RAE y no apareció ahí; había que ubicarlo en otra parte. El término viene del inglés ‘procastinate' y significa posponer algo; dejar de hacer una tarea importante para, en su lugar, realizar algo más placentero, aunque menos trascendente. Es una actitud bastante común en situaciones de estrés como, por ejemplo, cuando posponemos la redacción de un trabajo hasta el último día, o hasta que sea inevitable la entrega.

Curiosamente, hoy en día uno ‘procastina' con más facilidad debido quizá a dos factores: a) La herramienta: gran parte del trabajo se realiza en una computadora, donde también guardamos fotos, videos, juegos, etc. b) El tipo de información: la conexión a Internet nos facilita la entrada a redes sociales y sitios de entretenimiento que nos proporcionan suficientes razones para evadirnos. A esto podemos añadir el deseo de estar en todas partes, de enterarnos de lo que pasa "allá afuera" al instante, etcétera.

Lo que muchos ignoramos es que esta postergación del trabajo, que parecería inofensiva como una reacción infantil, a la larga puede convertirse en un comportamiento adictivo y devenir en trastorno, al grado de provocarnos problemas con los demás y hasta conflictos laborales.

La buena noticia es que tiene remedio.

1) Al toro por los cuernos. Según el Dr. Piers Steel, especialista en el tema y autor de 'The Procrastination Equation', hay que empezar por las tareas más engorrosas cuando uno está fresco y mejor enfocado. Postergar la tarea más dura tiene el efecto de bola de nieve, la tentación de ‘procastinar' crece al parejo del estrés. En cambio, si resolvemos lo más difícil de inicio, nos sentiremos menos presionados o ansiosos, y más productivos.

2) Trabaja a contrarreloj. Si los plazos largos te estresan, intenta realizar labores precisas en periodos más cortos de tiempo, quizás de media hora o quince minutos. Establece tareas adecuadas para ese tiempo y ve mejorando tu propio rendimiento. Lo importante es que no recurras al autoengaño, por un lado, y por otro, que hagas consciente cómo la satisfacción de ir resolviendo un problema complejo puede sustituir al sentimiento de fracaso o impotencia.

3) Empieza de nuevo. A veces sentimos que la mañana se nos fue en un abrir y cerrar de ojos, haciendo quién sabe qué. Llega la hora de salir a comer y no hemos avanzado con nuestra lista de pendientes. Pero no todo está perdido; al igual que una computadora, puedes reiniciar tu día: revisa las tareas incompletas, elige las más importantes, las más críticas o urgentes, y concéntrate en ellas. Quizás solo sean dos, pero con ello habrás disminuido el estrés y la posibilidad de seguir evadiéndolas.

4) Desconéctate. Cambia el chip: no es que los demás te estén interrumpiendo, sino que tú permites que todo te interrumpa y te distraiga. Silencia tu teléfono y desconecta el internet hasta que hayas cumplido, por ejemplo, con la tarea más engorrosa. Prémiate con tiempos limitados de socialización (real o virtual) y, sobre todo, no hagas trampa.

5) Paso a paso. Es normal que miremos un problemón y nos sintamos rebasados (justo ahí es donde optamos por la salida fácil). En cambio, si miramos el asunto por partes y establecemos metas pequeñas, nos facilitaremos la vida de dos maneras: podemos identificar aquellas tareas que no requieren tanta perfección, y tendremos más certeza de cuánto tiempo y esfuerzo se requiere.

6) Busca un cómplice (no para ‘procastinar' juntos sino para optimizar el trabajo). Elige a un colega que sea exigente, alguien a quien admires y no quieras decepcionar. Explícale tu proyecto y pídele, como un favor, que te ayude a revisar tus avances antes de salir a comer o al final de la semana. Si acepta y te dedica diez minutos de su día, no querrás hacerlo perder su tiempo. Comprométete con él y escucha sus aportaciones.

¿Y tú, cómo haces para no 'procastinar'?

Salud Mental: "Miedos"

 Por Omar R. Goncebat., EFE - REPORTAJES, 07/09/2010

Supere el miedo al ridículo

El temor a que los demás nos juzguen mal, se burlen de nosotros o nos tomen por tontos, no sólo resulta infundado, ya que la mayoría de las veces sólo está en nuestra mente, sino que además puede limitar seriamente nuestra existencia y paralizar lo mejor de nosotros: lo que surge naturalmente de nuestro interior.

EFE

Si se siente ridículo por alguna situación, plantéese esto: ¿tendrá alguna importancia esta situación dentro de cinco años?
¿Qué van a pensar de mí? ¿Y si lo que voy a sugerir no tiene sentido? ¿Qué haré, dónde me esconderé, si mis ideas sólo generan carcajadas? ¿Realmente, vale la pena arriesgarme a quedar en una posición deslucida delante de los demás? Mejor me quedo quieto y no hago ni digo nada raro...

Estas preguntas y este diálogo interior son habituales en quienes viven atenazados por el miedo al ridículo: un temor a que se rían de nosotros o a hacer algo inconveniente delante de los demás, lo cual genera ansiedad y dificulta las relaciones sociales.
Además de un creciente malestar, la limitación o prohibición auto-impuesta de hacer, decir o proponer cosas que puedan resultar risibles o inadecuadas para la mentalidad de los demás, termina por cortar la alas a nuestra creatividad y espontaneidad, y en muchos casos nos obliga a renunciar a ser auténticos, a ser nosotros mismos, con nuestros defectos y virtudes.

Quien teme al ridículo o a quedar mal ante los ojos ajenos y por ello renuncia a menudo a ser fiel a sí mismo y a las iniciativas que le vienen a la mente o surgen del corazón, suele observar con amargura cómo muchas de las ideas, palabras o acciones que se abstiene de exponer a los demás, son manifestadas por otras personas generando el beneplácito de quienes los escuchan.

Si se siente ridículo por alguna situación, plantéese esto: ¿tendrá alguna importancia esta situación dentro de cinco años?, ¿alguien la recordará?. Cuanta más importancia le da uno a un hecho, más beneplácito le conceden los demás.
Para el psicólogo clínico y experto en risoterapia José Elías, "es bueno recordar el comentario del escritor y ex presidente de la República Checa, Václav Havel, quien afirmó que el que corre más riesgo de parecer ridículo es aquel que se toma demasiado en serio, lo cual no ocurre con quien es capaz de reírse de sí mismo".

"¡A veces nos tomamos la vida y a nosotros mismos demasiado en serio, olvidando que no 'saldremos de ésta con vida'. Como bien dice la sabiduría popular hay que disfrutar la existencia porque 'son cuatro días y dos están nublados'. La vida pasa volando, y nadie ni nada es imprescindible", señala el experto.

Por eso hay que aprender a reírse de uno mismo y los demás: "En la calle, el restaurante, el autobús, tren o metro, la oficina, hay que fijarse en las cosas graciosas y ridículas que hace la gente que nos rodea, lo cual también es un buen antídoto contra el sentimiento de ridículo, porque todo el mundo protagoniza situaciones hilarantes o extrañas", dice Elías.

REIRSE DE UNO MISMO.

"En lugar de sufrir un atasco de tráfico, hay que observar cómo los conductores se meten el dedo en la nariz, pitan como enloquecidos, gesticulan de manera extraña, hablan a gritos al teléfono móvil... También podemos observarnos a nosotros mismos: si nos disociamos y vemos desde fuera, podemos llegar a reírnos de situaciones que antes nos agobiaban", agrega. Según Elías, "el mundo sigue su curso. Todo pasa y se olvida rápidamente. La mayoría de la gente vive inmersa en

En la imagen un cantante tailandés de la compañía teatral de la Ópera China se maquilla antes de una presentación en Bangkok
su propio mundo, vida y preocupaciones, y sólo fugazmente se fija en los de los demás, retornado pronto a su propia realidad. Así que quién va a ocuparse y preocuparse por tus peripecias vitales". "Además, haga uno lo que haga, diga lo que diga y piense lo que piense, siempre se encontrará gente a favor y en desacuerdo con dichas acciones, palabras y pensamientos", señala.

Este psicólogo también propone caricaturizar nuestros demonios interiores y exteriores. "Las situaciones difíciles hay que dibujarlas tal y como se ven, y entregarles el dibujo a los amigos para que agreguen elementos graciosos, o hacerlo uno mismo", sugiere. "Si uno tiene miedo al ridículo y lo imagina como "un ogro, un león o algo que me domina", se lo puede dibujar como algo que sea dominable y gracioso para uno mismo, por ejemplo un gatito simpático. Dado que la imaginación funciona con figuras, si se reemplaza una imagen por otra en el cerebro, se obtendrá otra perspectiva de la situación", asegura el experto.

"Así que ¡desdramatiza!", señala Elías, que sugiere: "¿Quiere que le resbalen las opiniones y miradas ajenas? Después de protagonizar una escena absurda o cómica, cuéntelo usted primero. Si se adelanta al chismorreo, se reirán con usted y no de usted".
"Si se siente ridículo por alguna situación, plantéese esto: ¿tendrá alguna importancia esta situación dentro de cinco años?, ¿alguien la recordará?. Cuanta más importancia le da uno a un hecho, más beneplácito le concederán los demás", señala el psicólogo, que agrega: "Lo mejor después de caerse es levantarse con una sonrisa y compartirla con los demás. Nunca somos ridículos, simplemente nos sentimos ridículos".

"Lo verdaderamente ridículo, o en todo caso triste y lamentable, es vivir obsesionado por la opinión de los demás, o que nos preocupe más nuestra imagen o lo que piensan de nosotros, que lo que en realidad somos y sentimos. Hay que aprender a vivir con naturalidad y disfrutar", finaliza Elías.

Fuente:

Salud Mental: "Vida Virtual"

Por BBC Mundo, BBC Mundo, actualizado: 16/09/2010

Cómo desconectarse de la vida virtual
Hay un número creciente de personas que creen que su grado de exposición en la red es demasiado alto y han optado por la desconexión.

"Usuarios de equipos electrónicos"

Hay una generación que no recuerda el mundo antes de internet y que vive observada en las arenas públicas de la vida virtual. Pero también hay un número creciente de personas que creen que su grado de exposición es demasiado alto.

Alguien nacido en 1992 cumple ahora 18 años y de una u otra manera puede haber vivido toda su vida en internet. Desde el anuncio de un nacimiento pasando por las fotos de la niñez hasta el paso por las redes sociales, todo la vida de una persona puede rastrearse en internet. Muchos se sienten satisfechos con las garantías de privacidad que existen, pero otros están reconsiderándolas e incluso han decidido que sus vidas están demasiado expuestas.

Daniel Sieberg, periodista de un canal de televisión estadounidense, es uno de estos últimos. Al llegar a la conclusión de que las redes sociales habían tomado el control de su vida decidió desconectarse. "My ego y yo quedamos atrapados (en las redes) y mis relaciones interpersonales comenzaron a sufrir", dijo en su (en inglés) publicada en el periódico electrónico The Huffington Post. Sieberg reconoce que reemplazó su relación con allegados y seres queridos por una interacción con personas desconocidas pertenecientes al mundo de la red y que llegó a estar demasiado pendiente de, por ejemplo, los mensajes escrito en su "muro" virtual.

Eliminando avatares

Gordan Savicic, convencido de que muchas personas sentían que había perdido el control de sus vidas virtuales, creó un servicio para ayudarlas a desconectarse de las redes sociales. Con sede en Holanda, la Web 2.0 Suicide Machinees un sitio que entra en las cuentas de sus usuarios y borra toda la información acumulada sobre ellos en internet. El servicio ha tenido mucha demanda: unas 90.000 solicitudes y hay un período de espera de un mes. "Algunas personas han creado avatares en internet tan publicitados que hablan de 'eliminarlos' como si se tratara de seres vivientes", explicó Savicic. Se trata de mucho más que de privacidad, según él. Mientras más tiempo pasamos creando nuestros perfiles y redes virtuales menos tiempo dedicamos a cultivar nuestras relaciones en el mundo real.

Peligrosa desconexión

Sin embargo, según el psiquiatra Jerald Block, de Oregon, EE.UU., "la desconexión tiene sus riegos".
El doctor Block trata a pacientes que usan internet de manera excesiva: más de 30 ó 40 horas semanales.

"Web 2.0 Suicide Machine"

"Si eres muy activo en la red, al desconectarte pierdes una parte significativa de tus relaciones y tienes que llenar 30 ó 40 horas con vida real", manifestó. Block aseguró que para muchos es gratificante desconectarse, pero que otros sienten que no son capaz de mantenerse alejados de la computadora. Para Giorgio Pagoria, de 23 años de edad, ingresar a una red social es algo que ha descartado de plano. Orgulloso de no tener perfil en Facebook, él cree que las redes son demasiado adictivas.

"En un principio uno se conecta para mantener contactos, hacer amistades o planificar eventos pero puedes quedar muy atrapado y volverte adicto de una manera que no es sana", remarcó. Sin embargo, Pagoria reconoció que es muy difícil permanecer alejado de las redes, sobre todo para él que está integrado al programa de intercambio estudiantil Erasmus, que lo llevó a Holanda. "Aquí en Erasmus todo el mundo usa las redes para organizar eventos y si no fuera porque mi compañero de cuarto está en Facebook me perdería muchas oportunidades o tendría que usar más mi teléfono".

Vidas amplificadas

Hay también muchas personas que se sienten engañadas por el mundo virtual de estatus actualizados y pocos caracteres que explican qué hace cada quién. Pero ¿si no podemos vivir sin twittearo publicar lo que pensamos para que lo vean nuestros 2.000 amigos virtuales, nos arriesgamos a perder la identidad? Clay Shirky, autor del libro Cognitive Surplus, manifestó que puede que internet no esté cambiando quiénes somos pero sí la manera en que nos percibimos los unos a los otros.

"Somos una especie social; siempre hemos nos hemos moldeado mutuamente la identidad", expresó.

"Lo que ha pasado ahora es el carácter explícito, permanente, global, investigable; todas esas cosas han amplificado" esos efectos, añadió.

Y la clave, dijo, es estar en "el justo medio" para navegar con éxito en el ambiente magnificado en el que nos movemos, donde cada uno de nuestros movimientos pueden quedar expuestos.

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Salud Mental: "Asertividad"

ASERTIVIDAD

La Asertividad se define como: "la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento". Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos (más detalles sobre estos estilos de respuesta los puedes obtener pinchando aquí).

Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas.

El elemento básico de la asertividad consiste en atreverse a mostrar nuestros deseos de forma amable, franca, etc., pero el punto fundamental consiste en lanzarse y atreverse. Lo que se expone en esta página puede ayudarnos a mostrar lo que sentimos y deseamos, porque sabemos que lo estamos haciendo de forma adecuada, que nadie se puede ofender. Esto nos ayudará a atrevernos a hacerlo.Pero cuando la ansiedad y el miedo son demasiado grandes hasta el punto de que nos dificultan o impiden expresar nuestros deseos, hemos de plantearnos una estrategia para superarla. En este enlace puedes encontrar las formas en las que la psicología cognitivo conductual ayuda a superar la ansiedad y en este otro enlace un curso para enfrentar y superar los límites que nos imponen nuestras ansiedades y nuestros miedos. En este curso entenderás la aparente paradoja de que la práctica de la asertividad conduce a una reducción notable de la ansiedad.

Existen técnicas y reglas que aprendidas y aplicadas nos permiten ejercerla de forma eficiente. Para ello hay que prepararse a negociar y hay que cumplir las reglas que implican una negociación eficiente. Existen también técnicas simples como el banco de niebla o asentir en principio, y el disco rayado, que nos facilitan su ejercicio concreto y cotidiano.

Para poder ejercitar la asertividad tenemos que tener capacidad de negociación. En la negociación se intenta conseguir lo que se quiere con el beneplácito del otro, que lógicamente también va a tener algunos beneficios.

La realización de una negociación comprende varias fases. La primera, es la de preparación. En ella tenemos que pensar la estrategia que tenemos que seguir en el encuentro con el otro en el que se va a plantear los problemas y se va a hacer la negociación propiamente dicha.
Fase de preparación

Para poder conseguir cualquier cosa tenemos que saber como hacerlo y para ello hay que prepararse. Ir a un encuentro sin tener una mínima guía de comportamiento, cuando, además, no somos negociadores experimentados, nos expone a no lograr para nada los objetivos que perseguimos. Por tanto hay que preparar lo que se va a decir y a hacer en la negociación cara a cara con el otro.
Dentro de la preparación habría que distinguir dos subfases. La primera de preparación personal para evitar caer en la pasividad o en la agresividad y la segunda de preparación del diálogo que vamos a plantear al otro.

Fase de preparación personal

Se trata de una fase previa, necesaria para tener muy claros los objetivos que perseguimos en el encuentro. Es lo que nos motiva a la negociación. Cuando negociamos tenemos que tener la vista puesta en nuestros objetivos. Hay algunas cosas que nos pueden distraer de ellos y hacernos fracasar. Por ejemplo, nuestra emoción. No podemos confundir la emoción con el objetivo. Nos gustaría quedar bien, pero normalmente ese no es el objetivo. Nos gustaría machacar al otro, pero así no lograremos lo que realmente queremos. Nos gustaría que el otro reconociese que tenemos razón y que él estaba equivocado, pero nos tenemos que preguntar si ese es nuestro objetivo o si así solamente conseguiremos una recompensa de tipo emocional, mientras que nuestro objetivo se pierde. No hay que olvidar la máxima: “lo que cuenta son los hechos y no las palabras”. Si nos explayamos y nos descargamos emocionalmente puede que hayamos conseguido una recompensa a corto plazo, pero la pregunta que tenemos que hacernos es si hemos conseguido nuestros objetivos.

Hay que huir de juicios de intenciones. Si juzgamos las intenciones de la otra persona y nos basamos en ellas para plantear la relación con el otro, corremos el riesgo de contestar y reaccionar a las intenciones que pensamos que tiene el otro y perdemos de vista nuestros objetivos. Así podemos llegar a ser agresivos o a ser pasivos. Si nos han hecho algo que nos ha dolido y pensamos que lo ha hecho con buenas intenciones, podemos estar tentados de dejarlo pasar y no decir nada. Si juzgamos que lo ha hecho con mala intención, vamos a atacar su “maldad” y no los hechos y seremos agresivos. En una negociación no se trata de agredir y someter al otro, aunque lo veamos como un rival. Hay que darle una salida, más o menos airosa porque si no se revolverá contra nosotros. Querer que nos reconozca lo equivocado que está y se someta completamente a nuestros deseos puede ser un objetivo emocional, que compense la humillación que hemos sentido, pero ¿es realmente nuestro objetivo? Sí tenemos que intentar entender que cosas son las pueden motivar al otro para hacer lo que nosotros queremos que haga.

Tenemos que pensar en como crear la oportunidad de la negociación. Si es algo pendiente desde hace mucho tiempo y que queremos abordar, hay que buscar al otro y plantear un tiempo y un espacio en el que se pueda dar la negociación. Es lo primero que tenemos que conseguir del otro. Sin ellos no se consigue, no es posible hacer la negociación. En muchas ocasiones no hay que buscar la oportunidad, es la propia situación en la que se genera el problema. Pero en ella nos puede ocurrir que cuando el otro se va es cuando se nos ocurre aquello teníamos que haber dicho. Recuerda: Siempre hay una segunda oportunidad aunque haya que crearla. Crear la oportunidad es buscar al otro y plantear, aunque sea por enésima vez, el tema que nos ocupa. Cualquier frase introductoria como decirle, “de lo que hablamos ayer me gustaría comentarte algo” o frases parecidas para iniciar la conversación son ayudas inestimables para crear la oportunidad.

Con los objetivos claros podemos controlar nuestra agresividad y motivarnos para dejar de ser pasivos, con la oportunidad creada y el entendimiento de lo que el otro espera podemos preparar el momento concreto de la negociación.

Preparación del diálogo

Sin perder de vista que lo importante es lo que hagamos y lo que decimos solamente puede ser una guía para que el otro sepa cuales van a ser nuestros siguientes pasos, tenemos que preparar aquello que vamos a decirle. El diálogo que tengamos con él tiene que cumplir los siguientes requisitos para ser un diálogo asertivo:

1. Describir los hechos concretos. Se trata de poner una base firme a la negociación, en la que no pueda haber discusión. Cuando describimos hechos que han ocurrido el otro no puede negarlos y así podemos partir de ellos para discutir y hacer los planteamientos precisos. En este punto es donde más tenemos que evitar hacer los juicios de intenciones. No se trata de decir “eres un vago” sino decir, “vengo observando que te levantas desde hace ya varias semanas a la hora de comer”. Diremos me has dicho 10 veces “no sirves para nada” en lugar de “me quieres denigrar y hundir” (juicio de intenciones.)

2. Manifestar nuestros sentimientos y pensamientos. Es decir comunicar de forma contundente y clara como nos hace sentir aquello que ha ocurrido y que juicio moral o de pensamiento nos despierta. Es el momento de decir “estoy hasta las narices de esta situación y no la soporto más”, o “me he sentido humillado y denigrado”. Hay que recordar que no se trata de que el otro lo encuentre justificado o no. Le puede parecer desproporcionado, o injusto, o... pero es lo que nosotros sentimos y tenemos derecho a hacerlo así, no aceptaremos ninguna descalificación, defenderemos nuestro derecho a sentirnos tal y como le decimos. Le estamos informando, no le pedimos que nos entienda o nos comprenda, por eso no puede descalificarnos ni aceptaremos críticas a nuestros sentimientos, emplearemos la técnica del banco de niebla combinado con el disco rayado (ver más abajo.)

3. Pedir de forma concreta y operativa lo que queremos que haga. No se trata de hablar de forma general o genérica, “quiero que seas más educado”, “quiero que me respetes” “quiero que no seas vago”; sino que hay que ser concreto y operativo: “quiero que quites los pies de mi mesa”, “quiero que cuando hablo me mires a los ojos y contestes a lo que te pregunto”, “quiero que estudies tres horas diarias”. Son conductas concretas que el otro puede entender y hacer.

4. Especificar las consecuencias. Es decir, aquello que va a ocurrir cuando haga lo que se le ha pedido. Se le podría plantear también las consecuencias que tendrá para él no hacerlo, pero es preferible especificar lo que va a obtener de forma positiva. De otra manera lo que planteamos es un castigo y los castigos son mucho menos efectivos que los premios o refuerzos. Muchas veces se trata solamente de una forma de presentación, hay que tener en cuenta que frecuentemente algo que puede ser planteado como un castigo, si no lo hace, se puede ver como algo positivo si lo hace. “Si no lo haces tendrás un castigo” se puede convertir en “Si lo haces evitarás que haga lo que no quiero hacer que es lo que supone un castigo para ti, que es algo que, por supuesto, yo tengo que hacer para ser consecuente con mis objetivos y los sentimientos que ya he expresado”.

ENSAYO

Lo que se ha preparado, preferentemente por escrito, se tiene que ensayar hasta aprendérselo de memoria. Cuando vamos a un examen nos ponemos nerviosos y se nos olvidan muchas cosas, puede pasarnos lo mismo en este caso y por eso hay que aprendérselo de memoria.


Si la situación nos causa alguna ansiedad, es una razón más para el ensayo. Cuando nos imaginamos la situación de la negociación nos estaremos exponiendo a ella en la imaginación y al menos cuando pensemos en hablar con el otro no nos pondremos nerviosos y comenzaremos nuestra negociación en mejor posición anímica. Si nos ponemos nerviosos podemos acogernos al diálogo que hemos preparado en la seguridad de que vamos a expresar nuestros deseos de forma completa. Cuando la ansiedad es demasiado grande hasta el punto de que nos impide expresar nuestros deseos, hemos de plantearnos una estrategia para superarla. En este enlace puedes encontrar las formas en las que la psicología cognitivo conductual ayuda a superar la ansiedad y en este otro enlace un curso para enfrentar y superar los límites que nos imponen nuestras ansiedades y nuestros miedos.

Ejecución

En la fase de ejecución hay que tener en cuenta algunas técnicas básicas que nos permiten llevar a cabo lo que hemos preparado. No hay que olvidar nunca que nuestros objetivos están plasmados en el diálogo que hemos preparado y que nuestra meta inmediata es decirlo. No se trata de contestar a todas las digresiones que nos hagan, no es necesario ser rápido y agudo para poder responder de forma inmediata a todo lo que nos digan. Se trata de emplear la técnica del banco de niebla, que también se llama aceptar en principio, seguida de la del disco rayado.

La forma de hacerlo es diciendo que “puede que lleves razón; pero...” (banco de niebla) lo que yo quiero decir es que.. “ y se sigue con el diálogo en el punto en el que fuimos interrumpidos o repitiéndolo desde el principio (disco rayado.) Puede parecer muy limitado y que vamos a hacer el ridículo, pero es sorprendente lo efectivo y natural que resulta. Si saca otros temas, también importantes, no perdamos de vista nuestro objetivo, tenemos que acabar con lo que ha motivado la negociación para poder seguir más tarde con lo que acaba de plantear: en ningún momento hay que perder de vista nuestro objetivo, plasmado en el diálogo preparado.
Ejemplos

PRACTICA

Situación 1:

Un amigo acaba llega a cenar, pero una hora más tarde de lo que había dicho. No ha llamado para avisar que se retrasaría. Estás irritado por la tardanza. Tienes estas alternativas:


1. CONDUCTA PASIVA. Saludarle como si tal cosa y decirle “Entra la cena está en la mesa”.


2. CONDUCTA ASERTIVA. He estado esperando durante una hora sin saber lo que pasaba (hechos). Me has puesto nervioso e irritado (sentimientos), si otra vez te retrasas avísame (conducta concreta) harás la espera más agradable (consecuencias).


3. CONDUCTA AGRESIVA. Me has puesto muy nervioso llegando tarde. Es la última vez que te invito.

Situación 2:

Un compañero de trabajo te da constantemente su trabajo para que lo hagas. Decides terminar con esta situación. Puedes crear la situación preguntándole como lleva su trabajo o esperar a que el la cree cuando te pida otra vez a le ayudes haciéndole algo. Las alternativas podrían ser:


1. CONDUCTA PASIVA. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar.


2. CONDUCTA AGRESIVA. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado.


3. CONDUCTA ASERTIVA. Muy frecuentemente me pides que te eche una mano en el trabajo que te asignan, porque no te da tiempo o porque no sabes hacerlo (hechos). Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo (sentimientos), así que intenta hacerlo tú mismo (conductas), seguro que así te costará menos la próxima vez (consecuencias).

Situación 3

Vas a un restaurante a cenar. Cuando el camarero trae lo que has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Se trata de llevarse bien con el camarero para que nos sirva bien, pero eso no es un buen servicio, podrías:


1. CONDUCTA PASIVA. No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.


2. CONDUCTA AGRESIVA. Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que como el servicio es asqueroso nunca volverás a ir a ese establecimiento.


3. CONDUCTA ASERTIVA. Llamar al camarero y, mirándole a la cara y sonriendo, pedirle que por favor le cambie la copa.


CONDUCTA ASERTIVA

La conducta asertiva implica la expresión directa de nuestros sentimientos, pensamientos y necesidades, respetando los derechos de los demás. Podemos obtener más información sobre asertividad presionando aquí.

Los problemas de asertividad pueden ser debidos a que no sabemos como comportarnos. Esta página te muestra una serie de técnicas básicas para comportarse asertivamente. Pero también, muy frecuentemente, se debe a que no nos atrevemos a expresar nuestros sentimientos y deseos. Ese miedo nos lleva a emplear estilos de respuesta pasivos o agresivos.

Si el miedo está presente en la expresión de nuestros deseos, aprender las técnicas adecuadas será solamente una paso necesario para resolver nuestra carencia de asertividad. Pero no será suficiente, porque es preciso atreverse a emplear esas técnicas en la vida real. Para superar ese miedo existen técnicas específicas desarrolladas por la psicología clínica cognitivo conductual. En este enlace encontrarás una exposición de esas técnicas y en el "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" encontrarás la explicación de las leyes que rigen nuestros miedos y ansiedades, además, contiene ejercicios grabados en audio para facilitar la aplicación práctica de esas técnicas.

Debemos distinguir entre ASERCIÓN POSITIVA y ASERCIÓN NEGATIVA.

ASERCIÓN POSITIVA

Dentro de la aserción positiva podemos incluir conductas tales como

* Dar y recibir halagos: “Te queda muy bien esa camiseta”, “Me gusta cómo has decorado la habitación”;


* Ser capaz de ser reforzantes con los demás: “Te felicito por lo bien que lo has hecho”, “Hace falta mucho valor para hacer esto”;


* Expresar el afecto positivo: “Te quiero”, “Me gustas”

ASERCIÓN NEGATIVA.

Dentro de la aserción negativa podemos encontrar conductas tales como:

* Decir que no: “No me apetece ir al cine hoy”, “Lo siento, pero no me gusta dejar el coche a otras personas”.


* Expresar sentimientos negativos: “Me duele cuando te comportas así”, “Me siento decepcionada”.


* Admitir críticas: “Háblame más de eso que te ha molestado”.


* Pedir cambio: “Me gustaría que cuando te exprese mis sentimientos me miraras a los ojos, para sentir que estás escuchándome”.


* Expresar opiniones impopulares: “Yo es que no creo que exista un Dios”.

Para poder llevar a cabo todas estas conductas es necesario poner en práctica una serie de habilidades asertivas, es decir, habilidades que me permitan llevar a cabo estos comportamientos con éxito, de tal modo que a la vez que respeto mis derechos, respete los de los demás.


CONDUCTA PASIVA


* En la conducta pasiva, la persona deja de lado sus propios derechos y antepone los de los demás. De esta forma, intenta por todos los medios que no se produzca un conflicto o/y evita pasar un mal momento. Este tipo de comportamiento impide expresar honestamente sentimientos, pensamientos u opiniones o bien se hace pero de una manera autoderrotista, con disculpas, sin convicción. El mensaje que se comunica es: “Tus opiniones, sentimientos o pensamientos son más importantes que los míos, valen más”; “Lo que tú quieras lo acato”, “Importa más lo tuyo que lo mío”.


* Acompañando a la conducta pasiva suelen darse conductas no verbales: bajar la mirada, voz vacilante, movimientos corporales nerviosos o inapropiados, etc.


* La persona pasiva se siente incomprendida, manipulada, con sentimientos de culpa, depresión, baja autoestima, etc.


* El interlocutor no sabe si se está o no aprovechando de la persona que no está diciendo realmente lo que quiere decir, además se puede sentir cargado de responsabilidad, porque es él quien tiene que tomar las decisiones.

CONDUCTA AGRESIVA

* En la conducta agresiva, contrariamente a la anterior, la persona antepone y defiende sus derechos de una manera ofensiva, deshonesta, manipulativa y/o inapropiada, pasando por encima de los derechos de los demás. El mensaje que se comunica es: “Mis opiniones, sentimientos, pensamientos cuentan más que los tuyos”, “Es más importante lo mío que lo tuyo”, “Soy superior a ti”. La persona trata de alcanzar la victoria a través de la dominación, utilizando técnicas de degradación, humillación, manipulación, etc.


* Acompañando a las manifestaciones verbales suelen darse comportamientos no verbales, destinadas al mismo fin: mirada agresiva, fija, aumento del volumen de la voz, gestos o posturas de amenaza, etc.


* Las consecuencias de este tipo de conductas puede ser positivas y/o negativas a corto plazo: positivas porque la persona consigue sus propósitos, dejando los derechos de los demás y negativas porque la persona puede experimentar sentimientos de culpabilidad. A largo plazo las consecuencias suelen ser negativas, pues puede ir acumulando tensión en sus relaciones con los demás, o rencor por parte de éstos.



EJEMPLOS

> RESPUESTA PASIVA:


A NIVEL VERBAL:

“No importa”,
“Como tú prefieras”,
“Bueno...”,
“¿Te enfadas si...?”,
“¿Te molestaría mucho que...?”, “¿Puedo...?”


A NIVEL NO VERBAL

Desviación de la mirada, titubear, bajar el tono de voz, postura corporal de indefensión, expresión facial de miedo y/o duda, movimientos corporales nerviosos o inapropiados...

CONSECUENCIAS

A CORTO PLAZO: evitación de enfrentamiento y posibles desacuerdos.

A LARGO PLAZO: sensación de vacío, tristeza, evaluación de sí mismo negativa, dependencia de los demás, desconfianza , impotencia, rencor, falta de control, sensación de ser manipulado, sentirse incomprendida y/o manipulada, rabia hacia sí mismo o hacia los demás.


> RESPUESTA AGRESIVA

A NIVEL VERBAL

“Por tu culpa...”, “Más te vale...”, críticas en segunda persona (“Eres...”, “Pareces...”, etc), “Deberías”, “Tienes que”, invalidación de los sentimientos del otro, verbalizaciones negativas hacia su persona, anotaciones sarcásticas y/o humillantes.


A NIVEL NO VERBAL

Mirada fija, agresiva, amenazante, tono de voz elevado, postura corporal tensa, gestos enérgicos y amenazantes, enfrentamiento, habla rápida.

CONSECUENCIAS

A CORTO PLAZO: la persona consigue lo que quería. Resultados positivos, que incluyen expresión de las emociones, sentimiento de poder y superioridad. También obtiene resultados negativos, como la ira, ansiedad.

A LARGO PLAZO: suelen ser negativas. Incluyen culpa, remordimiento, soledad, tensión en las relaciones personales, frustración., pérdida de personas importantes, sentirse rechazado.


> RESPUESTA ASERTIVA:

A NIVEL VERBAL

“Me siento ... cuando tú te comportas ....”(hechos),
“Yo creo, yo pienso, yo me siento....” (primera persona),
“Comprendo que tú.... pero yo....”,
“¿Qué piensas?”,
“Qué te parece?”,
“¿Tú qué opinas?”,
“A mi me gustaría...”,
verbalizaciones positivas,
validación de los sentimientos del otro.

A NIVEL NO VERBAL

Mantenimiento de la mirada, tono de voz firme, pero no elevado, postura corporal erecta, mirada directa, movimientos corporales serenos, asentimientos hacia los argumentos de los demás.


CONSECUENCIAS

A CORTO PLAZO: a corto plazo la persona puede recibir críticas (sobre todo si la otra persona usa un estilo de respuesta agresivo) e incluso ser tachado de egoísta e incomprensivo.

A LARGO PLAZO: la persona se sentirá a gusto y bien consigo mismo, puesto que habrá conseguido actuar de acuerdo a sus principios y sus valores.

Salud Mental: "Asertividad y Empatia"

ASERTIVIDAD

La Asertividad se define como: "la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento". Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad.

Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas.

El elemento básico de la asertividad consiste en atreverse a mostrar nuestros deseos de forma amable, franca, etc., pero el punto fundamental consiste en lanzarse y atreverse.

28 derechos asertivos

1. Algunas veces, Ud. tiene derecho a ser el primero.

2. Ud. tiene derecho a cometer errores.

3. Ud. tiene derecho a tener sus propias opiniones y creencias.

4. Ud. tiene derecho a cambiar de idea, opinión, o actuación.

5. Ud. tiene derecho a expresar una crítica y a protestar por un trato injusto.

6. Ud. tiene derecho a pedir una aclaración.

7. Ud. tiene derecho a intentar cambiar lo que no le satisface.

8. Ud. tiene derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.

9. Ud. tiene derecho a sentir y expresar el dolor.

10. Ud. tiene derecho a ignorar los consejos de los demás.

11. Ud. tiene derecho a recibir el reconocimiento por un trabajo bien hecho.

12. Ud. tiene derecho a negarse a una petición, a decir "no".

13. Ud. tiene derecho a estar sólo, aún cuando los demás deseen su compañía.

14. Ud. tiene derecho a no justificarse ante los demás.

15. Ud. tiene derecho a no responsabilizarse de los problemas de los demás.

16. Ud. tiene derecho a no anticiparse a los deseos y necesidades de los demás y a no tener que intuirlos.

17. Ud. tiene derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás, o de la ausencia de mala idea en las acciones de los demás.

18. Ud. tiene derecho a responder, o no hacerlo.

19. Ud. tiene derecho a ser tratado con dignidad.

20. Ud. tiene derecho a tener sus propias necesidades y que sean tan importantes como las de los demás.

21. Ud tiene derecho a experimentar y expresar sus propios sentimientos, así como a ser su único juez.

22. Ud. tiene derecho a detenerse y pensar antes de actuar.

23. Ud. tiene derecho a pedir lo que quiere.

24. Ud. tiene derecho a hacer menos de lo que es capaz de hacer.

25. Ud. tiene derecho a decidir qué hacer con su cuerpo, tiempo, y propiedad.

26. Ud. tiene derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.

27. Ud. tiene derecho a hablar sobre el problema con la persona involucrada y aclararlo, en casos en que los derechos de cada uno no están del todo claros.

28. Ud. tiene derecho a hacer cualquier cosa, mientras no vulnere los derechos de otra persona.


Test para detectar la falta de Asertividad

El siguiente autotest ofrece una orientación para el lector sobre su posible falta de asertividad.

1. Ante una o más personas, ¿le cuesta expresar su opinión cuando no coincide con la de ellos?

2. Ante un trato que considera injusto, ¿tiene dificultades para exponer tranquilamente sus derechos?

3. ¿Tiende a esconder sus sentimientos por temor a ser rechazado/a?

4. ¿Le resulta difícil tomar la iniciativa en expresar sus deseos?

5. Si la conducta de otro le molesta, ¿le cuesta decírselo y pedirle que cambie su manera de proceder?

6. ¿Le molesta recibir un halago o un favor?

7. ¿Le incomoda pedir un favor que, por otro lado, Ud. estaría dispuesto/a a hacer sin demasiada dificultad?

8. Frecuentemente, ¿siente que los demás se aprovechan de su tendencia a complacerlos?

9. ¿Suele inhibir la expresión de sus ideas u opiniones por temor a perder la simpatía de los demás?

10. Cuando decide expresar a otros su postura o desacuerdo ante algún hecho, ¿suele sentirse tenso/a o perder el control de sus emociones?

11. ¿Teme a una reacción de rechazo por parte de los demás, ante la oportunidad de expresar su punto de vista sobre algún asunto?

12. ¿Suele sentirse abatido/a ante una crítica recibida sobre alguna de sus actuaciones?

13. ¿Frecuentemente se defiende justificándose o negando la evidencia ante una crítica?

14. ¿Se siente marcadamente inseguro/a e incómodo/a al relacionarse con alguna persona de autoridad?

15. En varias ocasiones, ¿ha sufrido una reacción emocional desmesurada por la sensación de que los demás abusan de su tendencia a "aceptarlo todo"?

16. ¿Es poco frecuente que Ud. exprese sus opiniones, aceptando y atendiendo a los diferentes puntos de vista de los demás?

17. ¿Es capaz de negarse a realizar un favor que le piden y que no desea hacer?

18. ¿Siente con frecuencia que no tiene los mismos derechos que los demás?

19. ¿Le suelen tener por una persona agresiva o despiadada cuando decide decir lo que piensa?

20. ¿Tiene un bajo auto concepto de sí mismo?

21. ¿Cree haber aceptado, en varias ocasiones, situaciones inadmisibles?

22. Cuando decide expresar su desacuerdo u opiniones a los demás, ¿suelen sentirse agredidos, dolidos, o reaccionar defendiéndose de lo que consideran un ataque personal?

Si Ud. ha contestado afirmativamente a gran parte de las preguntas, es probable que carezca de las habilidades asertivas necesarias para comunicarse cómodamente con los demás. Recuerde que cuando eso sucede, la persona puede actuar por defecto (inhibiéndose) o por exceso (agresivamente), y en muchos de los casos, oscila de uno a otro extremo.

En caso de carecer de habilidades asertivas suficientes, un entrenamiento apropiado puede devolverle la estabilidad y eficacia en sus relaciones con los demás, así como una mejora de su autoconcepto.

Mas Informaciion ...
http://www.csalto.net/ansiedad_social/asertividad.htm
http://www.csalto.net/ansiedad_social/asertividad.htm
http://www.csalto.net/ansiedad_social/asertividad.htm

LA EMPATIA es la capacidad (o habilidad) de "ponerse en el lugar del otro", como dice el refrán de "caminar un rato en sus zapatos", es la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás". En otras palabras, el ser empático es el ser capaces de "sintonizar" emocionalmente a las personas.